Bajo el mando, desde hace más de 20 años, del presidente Paul Kagamé, Ruanda se mantiene en primera fila de los países en los que la prensa está bajo el control total del Estado.
Panorama mediático
Minado por décadas de represión, el panorama mediático ruandés es uno de los más pobres del continente africano. Las cadenas de televisión están controladas por el régimen o por medio de accionistas miembros del partido en el poder. La mayoría de las emisoras de radio orientan sus contenidos hacia la música o el deporte para evitar problemas. En un país de 13 millones de habitantes, existen muy pocos periódicos y algunos medios digitales luchan por ofrecer una información equilibrada desde el extranjero. La práctica del periodismo de investigación es poco habitual y, en los últimos años, los periodistas que han intentado difundir información crítica o sensible a través de medios digitales, especialmente en YouTube, han sido condenados a severas penas de cárcel.
Contexto político
La reelección de Paul Kagamé, en julio de 2024, para un cuarto mandato ha reforzado el régimen represivo y censor. Los dueños de los medios deben lealtad al gobierno, y numerosos periodistas han sido obligados a cursar un programa dedicado al patriotismo o a hacerse miembros del partido en el poder. Las autoridades pueden intervenir para despedir a aquellos que pudieran resistirse. El recuerdo del genocidio y de los medios del odio, como Radio Mille Collines, está muy instrumentalizado para impedir cualquier expresión de discordancia y crítica.
Marco legal
A pesar de que la difamación ha sido despenalizada, la reforma del código penal de 2018 ha mantenido las penas de prisión por ultraje y por difamación hacia el jefe del Estado a través de los medios. A menudo, se persigue a los periodistas por motivos ajenos a su profesión o son considerados como activistas, una práctica clásica para alegar que no hay periodistas encarcelados. La vigilancia, totalmente ilegal, de las conversaciones telefónicas de los periodistas hace que su confidencialidad y la protección de sus fuentes sea inútil.
Contexto económico
La ausencia de un sector privado sólido e independiente del poder restringe drásticamente el mercado publicitario. La corrupción y las ventajas que se ofrecen a algunos periodistas para influenciar su cobertura son prácticas habituales. La precariedad de los puestos y las fuertes presiones e intimidaciones que rodean a la profesión, provocan que las generaciones más jóvenes se sientan más atraídas por puestos de comunicación, mejor pagados y menos arriesgados.
Contexto sociocultural
El fantasma del genocidio sigue rondando todavía en la memoria colectiva, y las cuestiones relacionadas con él deben tratarse de acuerdo con la visión del régimen de Paul Kagamé. La libertad de expresión se topa con treinta años de miedo y cultura del silencio, lo que complica el trabajo de los periodistas.
Seguridad
Vigilancia, espionaje, detenciones, desapariciones forzosas… En Ruanda todo está concebido para que los periodistas no puedan ejercer libremente. Desde 1996, nueve profesionales de los medios han sido asesinados o declarados como desaparecidos y 35 se han visto forzados al exilio. Varios, también en el extranjero, han sido víctimas del régimen en el caso Pegasus, software de espionaje utilizado para la vigilancia masiva. También es frecuente que agentes de inteligencia sigan a periodistas que estén realizando una cobertura. En los últimos años, las detenciones y arrestos arbitrarios se han multiplicado y los periodistas que trabajan en Internet han sido objeto de una intensa represión. Todo ello en un contexto de gran impunidad en el país por los delitos cometidos contra los profesionales de los medios.